Alarcos, antes al-Arak

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Alarcos, antes al-Arak

Muy pocos kilómetros al oeste de Calatrava la Vieja, y en una posición similar, existió un poblado ibérico que estuvo habitado entre los siglos V y I a.C. Luego el lugar quedó abandonado, pues ni romanos ni visigodos se instalaron allí. Fueron los musulmanes los que volvieron a ocuparlo por su estratégica situación junto al único vado en muchos kilómetros que permitía cruzar el Guadiana. Llamaron al-Arak a la fortaleza y hoy nosotros la llamamos Alarcos.

La fecha de su fundación parece ser incierta, pero sí lo es la de 1078 en que Al-Mutamid, rey taifa de Sevilla, lo entregó al rey Alfonso VI de Castilla con motivo de su unión con la princesa Zaida. La historia de al-Arak fue tan azarosa como la de todas las posiciones fronterizas entre los reinos cristianos y musulmanes durante la Edad Media,con períodos de paz y períodos de guerra. Pero el acontecimiento que puso a al-Arak en un puesto destacado de la historia tuvo lugar en 1195, como consecuencia de una razzia del arzobispo de Toledo en el valle del Guadalquivir que puso fin a la tregua entre musulmanes y cristianos.Justo cuando el rey de Castilla Alfonso VIII estaba construyendo una nueva muralla.

La respuesta a la incursión  no se hizo esperar y el 18 de julio de 1195 llegó a las proximidades de al-Arak un ejército musulmán muy superior al de los defensores castellanos. Y al amanecer del día siguiente se inició la batalla. La táctica de los defensores de cargar varias veces con caballería pesada contra el grueso del ejército enemigo no consiguió su propósito, y cuando este desplegó su caballería ligera, arqueros a caballo por el ala derecha y en dromedarios por la izquierda, e hizo avanzar  fuerzas de refresco que habían permanecido en retaguardia, la batalla quedó decidida. Los arqueólogos han podido comprobar como los fosos de cimentación de las murallas en construcción se usaron como fosa común de los castellanos y de los caballos y dromedarios muertos mientras los vencedores, por su parte, enterraron a sus caídos en un cementerio musulmán que aún hoy es reconocible.

Las crónicas de la época dan cifras increíbles del número de atacantes, sin duda para justificar el descalabro de los castellanos, descalabro en el que parece que influyó no sólo la superioridad numérica de los musulmanes sino también su mejor estrategia.

Al-Arak volvió a poder de Alfonso VIII diecisiete años más tarde, pero esta vez sin que se derramase una sola gota de sangre, pues advertidos sus pobladores de la caída de la cercana Cal’at Rabah o Calatrava la Vieja, abandonaron Alarcos sin presentar batalla. Aún está en pie, aunque ha sido reconstruida y modificada varias veces, la ermita hecha levantar por Alfonso VIII junto a la puerta de las murallas.

En su cara oeste tiene un hermoso rosetón, que pudiera simbolizar la bóveda celeste cuajada de estrellas, inscrito en un cuadrado que tal vez represente la idea de la Tierra como una superficie plana. A través de él penetran los últimos rayos del sol e iluminan el ábside, antes de que las sombras de la noche se extiendan sobre un paraje por el que la leyenda dice que aún vagan las almas de los que perecieron en la gran batalla.

English Summary

Towards the end of the eleventh century, the Muslim king of Sevilla, Al- Mutamid, donated to Alfonso VI, Christian king of Castilla, the fortress of al Arak when the latter married princess Zaida. Built on top a rocky hill overlooking the only ford of the Guadiana river, the place had been inhabited between the centuries V and I B.C. Neither the Romans nor the Visigoths settled here until the Muslims built the fortress at an unknown date. But the event that put al-Arak in the books of history took place the year 1195 when, because of and attack of the archbishop of Toledo against Sevilla, broke the truce between Muslims and Christians, just at the moment a new wall was being built. On July 18, 1195, a big Muslim army reached al -Arak and early the next day started the battle.Chronicles tell of the numerical superiority of the Muslim army but it seems that their better strategy, with archers riding fast horses and camels who surrounded the heavy cavalry of their opponents, was the clue of their victory. It was only twelve years later that king Alfonso VIII recovered al-Arak, but now without shedding a drop of blood, because the fortress was evacuated when its inhabitants knew of the approaching army. The new lords built a chapel, that it is still there, to honor the memory of the fallen in the great battle whose souls, according to legend, still wander among the ruins.

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