Archipiélago de Cabrera

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Archipiélago de Cabrera

El archipiélago de Cabrera, constituido por la isla que le da nombre y una veintena de islotes, se formó hace 12.000 años, cuando el clima se suavizó,  se  derritieron los hielos que hasta entonces habían cubierto gran parte del hemisferio norte y se elevó el nivel del mar, aislándolo de la isla de Mallorca de la que hasta entonces había formado parte.

 

La recortada costa de Cabrera, en que alternan los cabos y las ensenadas, es resultado de su constitución geológica, donde predominan dos tipos de rocas de desigual dureza y diferente origen. Las que forman los cabos, que son obviamente las más duras y mejor resisten la acción erosiva del mar, se formaron en aguas relativamente poco profundas, próximas a la costa. Las más blandas, por el contrario, tienen su origen en sedimentos depositados a mucha mayor profundidad y cuando emergieron quedaron expuestas a la acción de las olas, que poco a poco fueron desintegrándolas y convirtiendo en ensenadas el espacio que ocupaban.

Aunque de una forma u otra el hombre ha estado presente en Cabrera durante más de 2.000 años su vegetación se encuentra en excelente estado. La superficie cultivada nunca superó las 50 ha y, abandonada hace décadas, hoy apenas se distingue del resto si no es por los muros que la delimitaban. Otro tanto ha ocurrido con las cabras que hace tiempo se criaron aquí. Las comunidades vegetales de Cabrera son predominantemente arbustivas e integradas por especies como el lentisco, el acebuche, la sabina negra,el brezo o xipell (Erica multiflora) el romero, el jaguarzo negro (Cistus monspeliensis) y el llampúdo bord o aladierno balear ( Rhamnus ludovici-salvatoris) exclusivo de las Baleares. El único árbol de Cabrera es el pino carrasco, que ocupa algo menos de un cuarto de la superficie de la isla, y que se ve limitado por la fuerza del viento.

La fauna terrestre del archipiélago es bastante pobre, salvo en lo que a aves se refiere. Dos especies de salamanquesas, la lagartija balear son todos los habitantes no alados propios de las islas, junto a tres o cuatro especies de murciélagos . La jineta, el erizo moruno, el conejo, la rata negra y el ratón doméstico, también presentes, fueron introducidas por el hombre. Unas 150 especies de aves utilizan Cabrera como etapa intermedia durante las migraciones.El número de las nidificantes es mucho menor. Las currucas sarda, cabecinegra y carrasqueña hacen sus nidos en las zonas arbustivas; la tórtola y la paloma torcaz en los árboles, mientras que el vencejo y el roquero solitario se instalan en los acantilados costeros y los del interior. De cara al mar crían las pardelas, la gaviota de Audouin, el paíño, el cormorán moñudo, la gaviota patiamarilla y el águila pescadora. El halcón peregrino y el halcón de Eleonor también se reproducen en los altos acantilados .

En el archipiélago de Cabrera la mayor parte de la superficie es marina y en ella pueden distinguirse dos ambientes en función de la naturaleza de los fondos. En los blandos, formados a partir de los materiales erosionados de las ensenadas, se desarrollan las praderas de posidonia, fácilmente reconocibles desde la superficie por la gran transparencia de las aguas. Son el habitat de la dorada, la lubina, el dentón, las sepias, la nacra y un sin número de otras especies que hacen de estas praderas el ecosistema más rico del Mediterráneo. En los fondos rocosos viven las estrellas de mar, los pulpos, las morenas, los congrios y los meros. En conjunto, en las aguas del archipiélago se han identificado más de 200 especies de peces. Hay también un reptil, la tortuga boba (Careta careta) y tres delfines, el común, el listado y el mular.  Solo falta la foca monje o vell marí que tuvo en Cabrera su último refugio en aguas españolas antes de ser exterminada por el hombre. Su reintroducción es posible, por lo que antes o después se llevará a cabo.

 

Como en tantos otros sitios del Mediterráneo, en el pequeño archipiélago de Cabrera la historia natural y la historia humana han transcurrido en paralelo durante milenios. Los arqueólogos han identificado materiales de la cultura talayótica, la más antigua de las Baleares, y cuenta la leyenda que aquí nació Anibal. En sus aguas hay varios pecios romanos. Al parecer, en los siglos VI y VII se asentó en la isla un núcleo de población relativamente importante.En el siglo XIV se construyó el castillo que guarda la entrada al puerto, castillo que a lo largo del siglo XVI fue destruido y reconstruido en al menos 10 ocasiones por los continuos asaltos que sufría.

El período más sombrío de la historia de Cabrera fueron los años de 1809 a 1814, cuando 9.000 prisioneros del ejército napoleónico sufrieron tan penoso cautiverio en esta isla que sólo unos 3.600 lograron sobrevivir. Un sencillo monumento les rinde homenaje y nos recuerda el inhumano trato que recibieron, por lo que no podemos menos que dedicarles un recuerdo al encontrarnos frente a él en medio del bosque.

Un siglo más tarde, en 1916, el gobierno español expropió Cabrera, que era de propiedad privada, para evitar que fuese utilizada como base por alguno de los contendientes en la primera guerra mundial, e instaló allí una guarnición.  Y para que no falte nada, en Cabrera hay hasta un fantasma. Su nombre es El Lapa y cuenta la leyenda que es el alma de un aviador muerto aquí en accidente. Al decir de las gentes no fue correctamente identificado, por lo que su alma vaga por la isla en espera de que se deshaga el error y pueda descansar en paz. Peno nada debe preocupar a quienes hasta aquí lleguen y sean temerosos de los espíritus, pues han de saber que si bien el accidente fue cierto, la identificación fue correcta y hay constancia de donde yacen sus restos.

Hoy por fin, tras tantos avatares, reina la paz en el Archipiélago de Cabrera, declarado Parque Nacional en 1991. Para visitarlo no hay más que embarcarse en las golondrinas turísticas que  durante la temporada alta parten de los puertos de la Colonia de Sant Jordi y de Porto Petro principalmente. Una vez en la isla es fácil recorrer los senderos señalizados, sobre los que se puede obtener información a la llegada en el Centro de Visitantes situado en el puerto. Para ir con barco propio es preciso solicitar autorización de navegación o de fondeo a la administración del Parque (971 17 76 41 en horario de 9:00 a 14:00 )