Cañón del Ebro

En su camino hacia el Mediterráneo, las aguas del alto Ebro tuvieron que abrirse paso a través de los altos páramos del norte de Burgos labrando profundos cañones. En las masas de caliza sus paredes son verticales y en ellas instalan sus nidos los buitres leonados y las águilas reales. Allí donde el sustrato está formado por margas, más blandas, las laderas pierden la verticalidad y se cubren de bosques en que dominan las especies mediterráneas pero en los que también están presentes algunas de las montañas del norte.

Las aguas que caen sobre el páramo labran ríos subterráneos disolviendo la caliza, y al emerger en la base del cantil la depositan de nuevo formando masas de esponjosa toba. A medida que el río se fue encajando también lo hicieron las aguas infiltradas, dejando descolgadas en las laderas cuevas que en su día fueron copiosos manantiales. Hoy parecen mirarnos como ojos de cíclopes petrificados que con sus cuencas vacías nos indican donde, en el pasado, estuvo el nivel del río.

El agua que en otros tiempos manó por esas cuevas continuó su viaje subterráneo para aflorar cerca del cauce actual , como en el Pozo Azul en Covanera, que vierte sus aguas al Rudrón, y en la Cueva del Agua en Orbaneja del Castillo ,que las lleva directamente al Ebro.

Poco espacio queda entre las rocas y el río para el asentamiento humano, pero algunos pequeños pueblos lograron aferrarse a la roca aprovechando el menor rellano. Como Orbaneja del Castillo, partido en dos por las aguas que surgen de una cueva al pie del acantilado y que luego se despeñan hacia el Ebro en una espectacular cascada blanca.

Orbaneja del Castillo tiene, además de una cueva y una cascada, una rica historia pues aquí convivieron mozárabes, judíos y cristianos. Pero lo que no tiene Orbaneja a pesar de su nombre es un castillo y el nombre le viene del roquedo de aspecto ruiniforme que se alza frente al pueblo al otro lado del Ebro y que semejan los restos de una fortaleza ha largo tiempo abandonada.

Las aguas del Ebro y la lluvia modelaron un grandioso paisaje que el hombre habitó durante milenios. Primero levantó dólmenes para enterrar a sus muertos y luego construyó hermosas iglesias románicas cuya belleza se nos antoja mayor en este laberinto de cañones, cuevas, ríos subterráneos y cascadas.

Muy cerca de Orbaneja se encuentra Escalada declarado, como Orbaneja, Conjunto Histórico y patria chica de la familia de D. Manuel Azaña. Pero el motivo que hoy lo trae hasta aquí es la portada de su iglesia parroquial de finales del siglo XII, una de cuyas arquivoltas representa los veinticuatro ancianos que el autor del Apocalipsis dice haber visto sentados en tronos, vestidos de ropas blancas y con coronas de oro.

No lejos de Escalada están Moradillo de Sedano y Gredilla de Sedano, dos pequeños pueblos con apenas unas decenas de vecinos. Pero hace más de ochocientos años debieron ser lo bastante importantes como para construir en ellos dos hermosas iglesias.

En Moradillo fue construida en 1188 la iglesia de San Esteban, declarada Monumento Nacional en 1931. En el tímpano de su portada aparece el Pantocrator rodeado de ángeles y cubierto por tres arquivoltas, la primera de las cuales representa de nuevo a los veinticuatro ancianos del Apocalipsis.

En Gredilla se encuentra la iglesia de San Pedro y San Pablo, en cuyo tímpano la figura central es María sentada en un trono. Sobre su cabeza dos ángeles sostienen una corona y arrodillado ante ella el arcángel Gabriel le anuncia la buena nueva, en presencia de San José, San Pedro y San Pablo.

Al contemplar tan hermosas figuras es inevitable pensar en quien con tanta delicadeza y paciencia las labró, y en que si hoy nos parecen hermosas mucho más debieron serlo con su policromía original. Desde entonces han pasado más de ochocientos años, ochocientos inviernos y ochocientos veranos con sus lluvias, hielos y soles abrasadores. Ochocientos años en que miles de personas han pisado los peldaños que conducen al interior de estas hoy solitarias iglesias, que han fijado sus ojos en las figuras talladas en piedra y han encontrado en ellas inspiración. Igual que quienes las contemplan hoy en día.