Cañón del Sil

Entre las muchas leyendas de la mitología griega está la del río del olvido, heredada luego por Roma y que según se dice detuvo, al menos por un momento, el avance de las legiones en el noroeste de Hispania. Sólo cuando el general que las mandaba vadeó sus aguas y desde el otro lado llamó uno por uno a sus soldados por su nombre,estos perdieron el miedo y le siguieron.

Hay quien identifica el galaico río del olvido con el Limia, pero no sé por qué yo siempre lo he situado en el no muy lejano Sil. Tal vez porque como río tiene mucha más entidad. También quizás porque lo he cruzado con mucha mayor frecuencia, siempre recordando la leyenda y sin que mi memoria se haya visto significativamente afectada.

Sea o no el Sil el río que detuvo a los romanos, su último tramo discurre por el fondo de un espectacular cañón, cuyas abruptas laderas están cargadas de naturaleza, arte e historia. Su límite inferior está muy claro, pues es el punto en que desemboca en el Miño. No ocurre otro tanto con su extremo superior, que convencionalmente podemos fijar en Montefurado, por lo que su longitud total es de unos 25 o 30 Km.

No fue el río el que labró su cauce, sino las aguas las que se amoldaron al gran desgarrón que las fuerzas geológicas abrieron en el bloque granítico galaico.

Su trazado este-oeste da lugar a un marcado contraste en la vegetación de ambas laderas. En la orientada al norte dominan los bosques de robles y castaños, o los matorrales que les sustituyen.

La que mira al sur, mucho más soleada, se cubre de una vegetación de marcado carácter mediterráneo, con alcornoques y madroños e incluso cultivos de vid en bancales.

Estos recónditos parajes, escarpados y cubiertos de bosque, fueron escogidos, a partir del siglo VI, por un número creciente de eremitas, que encontraron en ellos el lugar idóneo para su vida de ascetas. Parece que con el tiempo fueron agrupándose en pequeñas comunidades, hasta que a partir del siglo X algunos abades decidieran crear monasterios que les agrupasen. Hasta una docena de ellos se levantaron, haciendo merecedora a esta comarca del nombre de Ryvoyra Sacrata.

El de Santo Estevo conserva en su iglesia y sus claustros elementos románicos, góticos y renacentistas, producto de sucesivas reformas a lo largo del tiempo.

De dimensiones más modestas, pero no menos bello, es el de Santa Cristina, del que se sabe que ya existía a finales del siglo IX. Protegido por los reyes alcanzó gran esplendor en los siglos siguientes, para luego decaer y pasar, en el siglo XV, a depender de San Esteban.

Sobre su portada románica se alza un bello rosetón y desde sus muros nos contemplan quienes fueron sus abades, que hoy reposan en sus piedras

El siglo XIX no fue bueno para quienes habitaban los monasterios. La desamortización los dejó desiertos y un manto de olvido empezó a caer sobre ellos. El despoblamiento rural de mediados del siglo XX dejó aún más olvidada a la Riveira, al tiempo que las aguas del río quedaban embalsadas en una presa tras otra para producir energía.

Hoy la Riveira renace. Ya no es el lugar olvidado que fue hasta no hace tanto. Santa Cristina ha sido restaurado.Santo Estevo ha sido convertido en hotel.

Las aguas tranquilas de los embalses permiten a los visitantes contemplar el cañón desde las embarcaciones que los recorren y numerosos observatorios ofrecen la visión desde lo alto.

El cañón del Sil, o la Riveira Sacra, como prefieran llamarlo, ya no es el río del olvido que yo imaginé en su día. Y si de veras se detuvieron en su orilla las legiones, quiero pensar que fue más para contemplarlo y recordarlo que por temor al olvido.

  • Ubicación / Región Lugo