Dehesa Bonita

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Por los puertos de montaña se ha canalizado siempre el tráfico de personas y mercancías y así sigue siendo hoy en día. Por ellos también se encauzan las migraciones de las aves con ayuda del viento, que a veces pasan raudas si lo tienen de cola y otras veces con esfuerzo si lo tienen de cara. Y cuando ese viento sopla del norte o del noroeste llega cargado de humedad, o incluso de niebla que se enreda entre los árboles y crea un microclima más húmedo en las inmediaciones del puerto. Quizás este efecto sea inapreciable en los bosques de la Cordillera Cantábrica o de los Pirineos, pero en el Sistema Central es mucho más apreciable y permite la existencia de algunos bosques, no muy extensos pero sí muy hermosos, de acentuado carácter norteño.

Uno de mis favoritos es la Dehesa Bonita, junto al puerto de Somosierra, que con razón recibe ese nombre.  Y si bonita es en cualquier época del año, aún lo es más en estos días de comienzos del otoño, cuando a quienes vivimos en el mundo mediterráneo nos encandilan los colores de los árboles caducifolios.

Los más precoces son los serbales, que a mediados de octubre ya resaltan como una llamarada en mitad del bosque. Algo más retrasados van los cerezos silvestres, en los que algunas hojas ya han cambiado de color mientras otras aún se mantienen verdes y otro tanto le ocurre a los mostajos.

Los grandes robles albares, tan característicos de las montañas del norte también están presentes en este bosque y aunque en sus hojas ya se apunta el otoño, aún tienen que esperar a que maduren del todo sus bellotas.

Los avellanos ya tienen listas las flores masculinas, para que cuando empiece a apuntar la primavera dispersar su polen antes de que broten las hojas nuevas y dificulten su dispersión por el viento.

No podían faltar los abedules en la Dehesa Bonita, y la verdad es que hay todo un repertorio. Unos son enhiestos como columnas arbóreas y sus copas se alzan por encima de todos los demás árboles. Otros presentan varios troncos que se abren en distintas direcciones en busca de la luz.

Y los hay que tienden una rama horizontal, como invitándonos a que descansemos sobre ellos.

Las hojas de los abedules todavía conservan su verdor, pero a no mucho tardar acabarán tornándose amarillas y cayendo al suelo, marcando con ello el comienzo del invierno. Hasta que llegue la primavera sólo los rebollos conservarán en sus ramas sus hojas muertas y entre los árboles desnudos destacarán con fuerza los acebos, con sus hojas verde luciente y sus frutos rojos.

Será un buen momento para volver a la Dehesa Bonita, quizás cubierta de nieve, y disfrutar de una nueva visión de este precioso bosque.

English Summary

Winds and fogs from the northwest flow trough mountain passes of central Spain creating a microclimate more humid than in nearby areas at this latitude. So, in the vicinity of some of these places small patches of northen forest can be found. One of these places is Dehesa Bonita, that takes its name from its colorfull autumn in a region where deciduos trees are scarce. Birch trees, hazelnut, common whitebeams, mountain oaks and wild cherry trees are common species in the north, and some of them grow even further to the south in small numbers. But I know of no other place where all of them can be found together, bringing the flavour of atlantic forests to the mediterranean mountains of central Spain.