Dehesa de Moncalvillo

0 / 5

Dehesa de Moncalvillo

En la falda del madrileño Cerro de San Pedro y limitada al este por el río Guadalix se extiende la Dehesa de Moncalvillo. La conservación hasta nuestros días de sus 1348 ha se debe a que su propietario, el ayuntamiento de San Agustín de Guadalix, ha respetado durante siglos el compromiso de mantener su integridad, tal como se estableció cuando le fueron donadas estas tierras por quien entonces era su señor.

La mayor parte de Moncalvillo está cubierta por una dehesa de encinas y enebros más o menos aclarada , de acuerdo con el patrón típico de vegetación de la rampa de la Sierra de Guadarrama, en cuya parte más alta algún roble melojo nos anuncia que estamos cerca de la cota donde esta especie tomará el protagonismo.

Pero lo que hace singular a esta dehesa es el afloramiento en su parte más baja de una franja de rocas calizas, que convierte a Moncalvillo en un mosaico vegetal en el que junto a los austeros encinares-enebrales se encuentran algunos quejigares, que en otoño hacen más patente su presencia a medida que sus hojas adquieren un hermoso color dorado y coscojares, cuyas hojas verde brillante hacen palidecer a las de las encinas con las que se entremezclan.

También conviven en Moncalvillo la retama negra (Cytisus scoparius) y la retama de bolas (Retama sphaerocarpa) al igual que la jara estepa (Cistus albidus) y la jara pringosa (Cistus ladanifer).

Ya entrado noviembre los arces de Montpelier (Acer monspessulanus) adquieren un delicado color rosado antes de perder sus hojas y las abundantes cornicabras (Pistacia terebinthus) adquieren un color rojo intenso que las hace destacar como llamaradas en medio del bosque, haciendo de Moncalvillo una de las más hermosas dehesas del otoño.

Pero cualquiera que sea la estación en que se visite Moncalvillo el recorrido para mi concluye siempre recorriendo las orillas del río Guadalix, el río de los alisos (Alnus glutinosa), que hunden sus raíces en el agua y cuyos pequeños frutos semejan diminutas piñas.

Vista desde dentro la aliseda es un umbrío bosque ribereño, limitado al exterior por un luminoso sendero.

Ocultos entre la arboleda, hasta el punto de pasar fácilmente desapercibidos, unos empinados escalones labrados en la roca nos permiten llegar hasta El Hervidero, pequeña cascada por la que el Guadalix se despeña hasta un amplio remanso.Allí podemos permanecer largo rato fascinados por el discurrir del agua sobre la roca y su incesante murmullo, envueltos en la penumbra y el frescor del río de los alisos, en un enclave que pone el broche de oro a la dehesa de Moncalvillo.

English Summary

The Moncalvillo Dehesa has been preserved up to the present time since the Midle Age when it was donated to the village of San Agustin de Guadalix. Most of its surface is covered by evergreen oaks and junipers, with large openings of pastureland on acid soils. But what makes Moncalvillo unique is a strip of limestone that allows many species to flourish in that type of soil to be present here, for the delight of the visitor interested in botany. To the east of the dehesa runs the Guadalix river (from "Uad" = river in arabic and "aliso" = alder) shadowed by a riverine forest of alders and ash trees that hides a small waterfall.

Publicar Nueva Opinión

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *