Dehesa Vieja de Pedraza

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Dehesa Vieja de Pedraza, un viaje botánico en el tiempo

Entre los años 1750 y 1754 el Gobierno remitió a todas las poblaciones del Reino de Castilla un cuestionario cuyas respuestas constituyen el Catastro de Ensenada, así llamado por el nombre del Ministro de Hacienda que lo promovió. Su finalidad era recabar datos para una reforma fiscal que simplificase e hiciese más equitativo el sistema hasta entonces vigente.

Cuatro de las cuarenta preguntas del cuestionario se refieren al arbolado, lo que nos permite comparar el existente a mediados del siglo XVIII con el actual, e incluso con el de fechas anteriores en aquellas poblaciones en que existen  Ordenanzas sobre los usos y aprovechamientos de las tierras comunales.

Tal es el caso de Pedraza, hermosa villa medieval declarada Conjunto Monumental en 1951 y galardonada con el Premio Europa Nostra en 1996 por su excelente estado de conservación.

Las Ordenanzas más antiguas conocidas sobre la llamada Dehesa Vieja, propiedad comunal de Pedraza, se remontan al año 1344 y la describen como poblada por roble melojo (Quercus pyrenaica) y encina (Quercus ilex).  Cuatrocientos años más tarde, cuando se elabora el Catastro de Ensenada, el arbolado de la Dehesa Vieja ha sufrido un cambio significativo, pues el roble ha pasado a ser una especie marginal mientras que han adquirido gran protagonismo las sabinas albares (Juniperus thurifera), junto con las encinas. Esta mezcla de sabinas y encinas es la que puede verse en la actualidad en las inmediaciones de la Dehesa Vieja, con ambas especies  creciendo tronco con tronco, e incluso se diría que disputándose el terreno hasta la misma tapia que circunda la Dehesa.

Pero no dentro de ella, donde prácticamente no existe otra especie arbórea que la sabina albar, a veces formando espesuras y en otros puntos aisladas, con las cumbres nevadas de la Sierra de Guadarrama como telón de fondo.

De lo que no queda rastro es de los robles, o al menos yo no he sido capaz de encontrar ninguno. Más notable es la ausencia de encinas, dada su abundancia en el entorno, aunque lo cierto es que alguna de pequeño tamaño ha logrado sobrevivir entre las sabinas al amparo de las grietas del escaso roquedo o como pequeños rebrotes comidos y recomidos.

Y digo sobrevivir porque en los cambios que han tenido lugar en la Dehesa Vieja desde el siglo XIV hasta el XXI la acción del hombre ha jugado sin duda un papel determinante. El aprovechamiento para leña de las encinas y los robles, unido a la presión del ganado que devoraba sus bellotas, debió hacer retroceder a estas dos especies y abrir las puertas a la expansión de las sabinas. Contra el roble debió jugar también la suavización del clima que ha tenido lugar en los últimos trescientos años, y esto tal vez explique su total ausencia. En cuanto a la encina parece claro que es la presión ganadera la que la mantiene a raya y no es difícil imaginar que en ausencia de pastoreo recuperaría terreno hasta alcanzar una situación similar a la existente al otro lado del muro.

Gracias a los documentos históricos podemos conocer a grandes rasgos la historia vegetal de la Dehesa Vieja de Pedraza y hacer un viaje en el tiempo. Pero es una historia en la que faltan capítulos, pues nada nos dicen de los arbustos que en cada momento debieron formar parte del cortejo de los árboles y que hoy, también ellos, están prácticamente ausentes, aguardando, al otro lado del muro, la oportunidad de volver a poblarla.

English Summary

The medieval village of Pedraza, awarded by Europa Nostra for its excellent state of preservation, owns a communal land known as Dehesa Vieja. Nowadays the only tree species in the Dehesa is juniper (Juniperus thurifera), but fourteenth century documents describe the Dehesa as a mixed wood of ilex oaks (Quercus ilex) and Pyrenean oaks (Quercus pyrenaica), with no mention of juniper. A new description by the XVIII century let us know that the Dehesa had undergone a big change, with junipers and ilex oak as the main species, while the Pyrenean oaks were marginal. Maybe that a milder climate has had an influence in the changes undergone by the Dehesa Vieja, particularly in the disappearance of the Pyrenean oak, but the main cause of the changes has been man. The use of ilex and Pyrenean oaks as firewood and the eating of their acorns by livestock opened the way to the juniper, and the continuous pressure of domestic animals led to its actual domain. Historical documents tell us only part of this history, because they do not mention bushes and other plants that sure also changed along the time.

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