El Soplao

Durante más de medio siglo los mineros de la compañía La Florida guardaron el secreto de la maravillosa cueva que habían descubierto por casualidad en las entrañas de la Cordillera Cantábrica.

A ellos lo que les interesaba era la blenda y la galena de la que se obtenía el zinc y el plomo que se exportaba al norte de Europa. Así que cuando por azar perforaron la pared de la cueva y recibieron un soplo de aire fresco procedente de ella, lo que de verdad apreciaron fue la facilidad que representaba para acceder a las galerías en que explotaban los minerales. Y decidieron que lo mejor era que sólo ellos lo supieran.

En realidad realizaron operaciones mineras en la misma cueva, pero quizás impresionados por la espectacular belleza de sus formaciones extremaron el cuidado y el impacto parece muy pequeño. De hecho los restos de su actividad añaden valor de arqueología industrial a la cavidad y nos permiten imaginar fantásticas escenas de vagonetas circulando por donde hoy caminan los visitantes, o de carga y descarga de materiales mientras la luz de sus candiles iluminaba parpadeante las espectaculares formaciones, entre las que sobresalen los miles de estalactitas excéntricas, cuya formación sigue siendo un misterio.

En los años 70 del siglo XX cesó la actividad minera y a partir de entonces se convirtió en un paraíso para los espeleólogos, hasta que en 2005 El Soplao se abrió al público.

Un reconvertido tren minero les lleva hasta el interior de la cueva, que es una de las pocas en España, si no la única, que puede recorrerse en su casi totalidad en silla de ruedas.

Gracias a ello hoy es fácil  acceder a un mundo que durante millones de años permaneció oculto a la mirada del hombre, un mundo de silencio y oscuridad donde antes no penetró ningún ser vivo y donde las gotas de agua que se filtraban lentamente a través de la roca construyeron, a ritmo de milenios, fantásticas formas minerales entre las que destacan, por su gran abundancia y belleza, las estalactitas excéntricas cuya formación sigue siendo un misterio.

English Summary

At the begining of the XX century, miners searching  for galena (the principal ore of lead) and zinc ore broke by chance the wall of an unknown cave. They felt a breath of fresh air and named the cave after this (soplar = to blow). For more than half a century they kept the secret of their discovery and used the cave mostly as a fast corridor to the galleries of their mine. The remains of their activity have had a low impact in the beauty of the cave and now have an archeological value, making it easy to imagine the men working  under the flickering light of their lamps.
The mine closed in the 1970's and then it was explored by speleogolists until 2005 when it was opened to visitors. An updated miners train takes visitors to the cave, one of the few in Spain, if not the only one, accessible with wheel chairs. There awaits a subterranean world, hidden until now to the human eyes and where, for millions of years, the water built, drop by drop, a wealth of fantastic shapes and thousands of eccentric stalactites.