Icnitas de Cameros

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Icnitas de Cameros

Los pobladores de la Sierra de Cameros siempre conocieron las extrañas huellas impresas sobre las rocas de sus montañas y nunca dejaron de preguntarse que extraños animales podrían haber dejado las marcas de sus patas sobre un sustrato tan duro. Algunos de ellos habían sido sin duda aves gigantescas, pues su marca es inequívoca.

Otras sin embargo podían ser atribuidas a leones no menos gigantescos y otras muchas bien podrían haber sido hechas por el caballo de Santiago cuando cruzó por estas tierras camino de Compostela.

El misterio no se resolvió hasta finales de los años 60 del pasado siglo, cuando los paleontólogos – especialistas en el estudio de los fósiles- visitaron la zona y tan pronto como vieron las marcas las reconocieron como huellas de dinosaurios o icnitas.

Entre 110 y 130 millones de años atrás, en el período Cretácico, cuando la Península Ibérica era muy distinta a como es hoy en día y ni siquiera estaba unida al resto de Europa, las actuales montañas eran una zona pantanosa ,con cauces fluviales de curso lento, lagos someros de aguas tranquilas y clima cálido y húmedo. Y fue en las orillas de esos ríos y lagos donde dejaron sus huellas una rica fauna de dinosaurios, que compartían el habitat con peces, cocodrilos, tortugas y otros muchos animales, tanto terrestres como acuáticos, que también nos dejaron pruebas de su existencia.

A partir de las huellas no es fácil determinar la especie en concreto a la que pertenecen, porque no es la misma la de un animal al paso que a la carrera, ni es igual la de un joven que la de un adulto ni si caminaba sobre un sustrato más o menos blando, fangoso o arenoso. Pero sí indica el tipo de dinosaurio que la originó. Así, las del modelo “ave gigante” corresponden a dinosaurios de un grupo denominados Terópodos, ágiles animales bípedos de hábitos carnívoros, mientras que las del modelo “león gigante” fueron dejadas por los denominados dinosaurios Ornitópodos, herbívoros y casi siempre bípedos, aunque también podían caminar a cuatro patas.

Un tercer grupo huellas pertenecen al grupo de los Saurópodos, grandes dinosaurios cuadrúpedos cuyas gruesas patas posteriores casi se superponían, al caminar, con la pisada de las patas anteriores, que eran mucho más pequeñas, y de cuyo gigantesco tamaño nos da idea la escultura instalada cerca del rastro que dejó uno de ellos.

A pesar de las limitaciones es mucha la información que los expertos pueden obtener de una huella y más aún de una serie de huellas que formen un rastro, pues combinando el tamaño de la huella con la longitud de la zancada se puede saber si caminaba o corría y a que velocidad se desplazaba.

Varios rastros paralelos sugieren que podría tratarse de una manada, es decir que eran gregarios y muchas huellas en todas direcciones hacen pensar que el grupo tal vez estuviera tranquilamente alimentándose en aguas muy poco profundas, como lo indican las leves ondulaciones visibles en la roca, que se formaron por el movimiento del agua y que también quedaron fosilizadas.

Son muchos los miles de huellas que se encuentran por toda la sierra de Cameros, aunque las mayores concentraciones se dan en los alrededores de Enciso y de Cornago.

Algunas de ellas se encuentran bajo una cubierta que las protege y donde esto no es posible son objeto de cuidado e incluso de restauración para evitar que se pierdan, como está haciendo este experto, que se encuentra situado justamente en el punto en que se cruza un rastro de Ornitópodo (modelo “león gigante”) con otro de Terópodo (modelo “ave gigante”).

Muchas huellas siguen posiblemente bajo los sedimentos que las cubrieron, ocultándolas a la vista pero preservándolas durante millones de años. En el futuro seguirán apareciendo a medida que la erosión las deje al descubierto, como ha hecho con las que hoy vemos, y las que paciente y meticulosamente vayan desvelando los paleontólogos.

A medida que aparezcan nuevas icnitas proporcionarán más información sobre estos fascinantes animales, que dominaron la Tierra durante 155 millones de años. Y estimulando la imaginación de quienes visiten estos formidables museos al aire libre.

English Summary

The inhabitants of Sierra de Cameros had always known the strange footprints on the rocks of their mountain and had wondered about the animals that had left such traces on the hard rocks. Giant chickens and big lions were some of the choices, as well as Saint James's horse when he crossed this mountains on his way to Compostela. It was not till the 1960's that paleontologist visited the area and realized at the first glance that the footprints, or ichnites as they call them, had been done by dionasaur. One isolated ichnite provides no much information about the animal but the type of dinosaur it belongs to, such asTeropodus, Ornitopodus or Sauropodus. A set of prints or track lets to measure the length of the step and how the animal was moving. Several tracks are still more valuable because they show if they were gregarious, or even if they wer feeding at leisure in very shallow water because ot the ripple marks that can be seen on the rocks. Many more prints remain under the sediments that cover the rocks and will show up in the future when erosion remove the layer of sediments. They will provide more information about this fascinating animals and further stimulate the imagination of the visitors to these open air mjuseums.

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