La falsa ilusión de Los Ojos del Guadiana y Las Tablas de Daimiel

Este primavera ha surgido el agua en lo que fueron los Ojos del Guadiana, por los que rebosaba el Acuífero 23 que inundaba Las Tablas de Daimiel. Viéndolo se podría tener la falsa ilusión de su renacer tras décadas de destrucción, aunque en realidad son cuencos vacíos, que ni siquiera han sido deslindados pese a la sentencia que los declara dominio público hidráulico.

El agua que se ve allí no procede del acuífero, que en estas fechas está 13 metros por debajo del nivel de los Ojos, sino de filtraciones desde el pequeño Azuer , procedente del Campo de Montiel, y canalizado hace muchos años como tantos otros ríos manchegos.

Desemboca el Azuer en el Guadiana a la altura del molino de Griñón, un molino que al parecer tiene una historia de mil años y que fue comprado en la década de los 80 del pasado siglo para restaurarlo y convertirlo en centro de visitantes. Pero le ha pasado como a los Ojos, que no ha tenido suerte, por decirlo así. Lo que entonces era un molino abandonado hoy es una pura ruina que amenaza con dar con sus últimos muros en tierra y pasar definitivamente al olvido si no se pone remedio urgente.

Mejor le ha ido al molino de Molemocho, justo a la entrada del Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel, abandonado también en su día y hoy primorosamente restaurado.

Entre las aportaciones del Azuer y del Giguela hoy Las Tablas tienen inundadas 1.400 ha, dándoles una apariencia de normalidad con su típica alternancia de manchas de vegetación y aguas abiertas, con el fondo de las primeras sierras de los Montes de Toledo.

Pero en Las Tablas ya se sabe que es difícil que si hay agua abundante esta sea de buena calidad. Cuando coinciden, no tarda en desarrollarse un denso tapiz de vegetación sumergida que oxigena las aguas y constituye la base de una red trófica extraordinariamente rica y variada.

Pero ese no el caso este año, porque o no hay depuradoras o no funcionan bien. Y no hace falta verificar el estado de las praderas sumergidas. Basta con comprobar a simple vista que en Las Tablas apenas hay aves, que en ellas un año más no bulle la vida como cabría esperar.

Los problemas de Las Tablas, como los de todos los humedales, proceden de fuera y fuera reina un ominoso silencio. Si hoy están vivas es gracias a los esfuerzos de unos pocos, a quienes todos los que amamos la naturaleza tenemos que estar agradecidos. Estoy seguro que cada día sueñan con verlas recuperar su esplendor, pero que cada vez que cae el sol se preguntan con qué tendrán que enfrentarse al llegar el nuevo día. Para todos ellos mi admiración y respeto

En esta agónica lucha por la supervivencia del humedal manchego a veces surgen señales esperanzadoras y en este lluvioso otoño de 2012 el agua ha surgido de la tierra y vuelve a inundar Las Tablas. Así lo registraron El País y el telediario de TVE.

¿Será cierto que el acuífero 23 se está recuperando? Ojala sea así.