La Garrotxa

De las tres zonas volcánicas que hay en la Península Ibérica – el Campo de Calatrava, el Cabo de Gata y La Garrotxa – esta última es la más extensa y también  la más reciente en términos vulcanológicos. Tan reciente, que es la única en la que el hombre ha sido testigo presencial y la ciudad de Olot la única que tiene un par de volcanes dentro de su casco urbano. El más joven de los volcanes de esta comarca es el Croscat, que se formó hace tan solo unos 11.500 años, y  que comparte popularidad con el cercano de Santa Margarida, en el fondo de cuyo cráter se alza una ermita con la advocación que da nombre al volcán.

Pero La Garrotxa no es única sólo por sus volcanes, sino también por su vegetación, pues aquí se encuentra un hayedo sobre una de las coladas del Croscat, la Fageda d’en Jordá, y restos de bosques de roble carballo, más propios de las tierras cantábricas que de estas latitudes.

Es desde luego sorprendente encontrar un hayedo a poco más de 500 m de altitud y tan próximo al Mediterráneo. La explicación, según los botánicos, se debe a la alta precipitación de esta comarca, del orden de 1.000 litros por metro cuadrado, y a la relativamente amplia temporada de lluvias. Otro factor que contribuye a la singularidad de este hayedo son los numerosos tossols o montículos que hay en el mismo y que, medio ocultos por la vegetación, son burbujas que se formaron en la lava ardiente cuando discurría por este paraje.

El frescor, el silencio y la verde penumbra me envolvieron en mi solitaria caminata por el hayedo en una tarde de principios de verano, y aunque no puedo repetirlos de memoria, vinieron a mi mente los primeros versos del poema de Joan Maragall que dicen :

Saps on és la fageda d’en Jordá?
Si vas pels volts d’Olot, amunt del pla,
trobarás un indret verd y prego
com mais més n’hagis trobat al mon:
un verd com d’aigua endins, pregon i clar;
el verd de la fageda d’en Jordá

En contraste con el bien conservado hayedo, del robledal, asentado en su día sobre las tierras más fértiles,  prácticamente no quedan nada más que algunos ejemplares en el hoy parque público Parc Nou, donde se encuentra el Casal dels Volcans.

Pero mucho antes de que se formaran los volcanes que podemos ver hoy en día, el más antiguo de los cuales puede tener del orden de 80.000 años, ya hubo una intensa actividad eruptiva en La Garrotxa. Fue hace algo más de 300.000 años cuando la lava surgió de las entrañas de la tierra y se extendió en forma de grandes coladas que se deslizaron por los valles. Mucho tiempo después de que se enfriaran y se convirtieran en duros y oscuros basaltos,  las aguas del Fluviá y sus afluentes volvieron a correr y poco a poco fueron dejando al descubierto formaciones tan espectaculares como la deCastelfollit de la Roca.

Mientras las contemplaba con admiración no pude menos que pensar en los hominidos que habitaban por entonces estas tierras. Lo bastante evolucionados como para tallar bifacies pero incapaces de entender el fenómeno que se desarrollaba ante sus ojos. Hoy tenemos la respuesta, pero a medida que avanza el conocimiento se amplía la esfera de lo desconocido, y probablemente ahora tengamos más preguntas y relativamente menos respuestas que quienes vieron asombrados los primeros volcanes de La Garrotxa.

English Summary

The volcanic field of La Garrotxa is the largest and most recent to be found in mainland Spain. The oldest one of the volcanic cones in this area is not more than 80.000 years old, and the age of the most recent one is only11.500 years. Long before those dates, more than 300.000 years ago, there was another period of volcanic activity, and thick layers of lava spread over the landscape and flew along the valleys. When these currents of melted rock solidified, rivers began to flow, exposing to view the beautiful basaltic columns. But La Garrotxa is not a barren landscape as its geological history could suggest. Thanks to a mild and rainy climate, forests cover the land and even a beech forest thrives on the once melted layer of rock.