La vereda

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La vereda

La ruta ganadera que une los Montes Universales con el valle del Guadalquivir tiene varios nombres, oficiales o tradicionales, a lo largo de su recorrido. Pero para los ganaderos trashumantes que la recorren dos veces al año, y viven sobre ella al menos un par de meses, se llama simplemente la vereda. Y a hacer la vereda con ellos nos fuimos hace unos días, cuando la primera nevada blanqueó las cumbres indicándoles que era tiempo de partir.

Las primeras en emprender la marcha son las ovejas y cabras, unas cinco mil, divididas en dos rebaños para facilitar el manejo, seguidas una semana más tarde por vacas y caballos. En sus primeras jornadas la vereda atraviesa la Serranía de Cuenca y aunque está perfectamente señalizada y amojonada, hace falta la pericia de un pastor para seguirla, pues no es un camino amplio y despejado como en las tierras bajas sino que discurre a través del bosque.

El verde de los pinos, el dorado de los quejigos, el amarillo intenso de los álamos temblones y los distintos matices de espinos albares, agracejos, endrinos y rosales formaban un cuadro que cortaba el aliento por su belleza. A ello se añadía lo abrupto del terreno, cortado por gargantas de blancos paredones de caliza. A las ovejas esto no parecía importarles en absoluto y se lanzaban raudas pendiente abajo con sorprendente rapidez y agilidad.

Cosa distinta era para nosotros, que tardábamos un buen rato en bajar con todo cuidado por la pedregosa ladera que ellas habían salvado en unos minutos.

Pero no había peligro de perderlas, pues tan pronto como llegaban al fondo del barranco se dedicaban tranquilamente a pastar, como si estuvieran también ellas disfrutando de aquel paisaje de ensueño.

A la caida de la tarde el grupo llegó felizmente a su destino, gracias a la ayuda de Andrés (tercero por la derecha) que ha hecho muchas veces la vereda y, libre ese día, aceptó ser nuestro guía y compartir con nosotros sus conocimientos del camino, de la vida trashumante, del bosque y la serranía.

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