Las Barrancas

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Las Barrancas

No eran cuestiones naturalísticas ni mucho menos las que preocupaban a Bob Dylan cuando en su conocida canción Blowin’ in the wind se preguntaba How many years can a mountain exist before it´s washed to the sea? Pero a mi se me quedó grabado el verso y viene a mi memoria con frecuencia cuando visito algún espacio en que la dinámica erosiva es particularmente evidente, allí donde la red fluvial está desmantelando a ojos vistas los sedimentos acumulados durante 20 millones de años en la cuencas terciarias. Son paisajes que además de su valor didáctico suelen poseer una de una espectacular belleza.

Una de esas cuencas es la de Madrid, entre el Sistema Central y los Montes de Toledo. Y uno de esos paisajes es el de Las Barrancas.

En Las Barrancas, el río Tajo, poco después de recibir los refuerzos del Alberche, es la cizalla que poco a poco ha ido incidiendo en el espesor de sedimentos y llevándose al mar lo que las aguas arrastraron hasta aquí desde las montaña.

Hoy las aguas embalsadas restan al Tajo su capacidad erosiva, por lo que el gran escarpe no aumenta de altura, pero la escorrentía que fluye hacia él desde la llanura sigue labrando la gran pared de arcilla y guijarros y todo ello hace que el embalse, al colmatarse, haya ido convirtiéndose en parte en un habitat palustre.

Por ello Las Barrancas no son sólo geología sino que alberga una importante riqueza ornitológica, tanto en sus rojizos paredones, donde anidan el águila perdicera y el buho real, como en las aguas que se extienden a sus pies, donde crían e invernan un sin fin de aves acuáticas como zampullines, patos, garzas o cormoranes. Por ello Las Barrancas han sido incluidas en la red Natura 2000 en la doble condición de Lugar de Interés Comunitario y ZEPA

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