Las fragas del Eume

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Las fragas del Eume

El anillo de San Rosendo

Al parecer, en la Edad Media los milagros eran hechos cotidianos, se aceptaban con toda naturalidad y nadie los cuestionaba. Por ello no sorprendió que el cocinero del Monasterio de Caaveiro recuperase del vientre de una trucha pescada en el Eume el anillo del prior, San Rosendo, tres años después de que se hubiese desprendido de él. Arrepentido del pecado cometido por quejarse del mal tiempo, lo había arrojado por la ventana de su celda, pidiendo a Dios que no le fuese devuelto hasta ser perdonado, lo que al parecer requirió tan larga penitencia y la pericia del cocinero con la caña y el anzuelo.

Historia y arte

Tanto o más sorprendente que el milagro del anillo es que en el año 934 se construyese en tan remoto paraje un monasterio, que si hoy en día está rodeado de extensos bosques más lo debía estarlo por entonces. Inicialmente románico con posteriores añadidos barrocos, fue declarado en 1975 Monumento Histórico Artístico, y hoy se encuentra primorosamente restaurado.

Bien pudiera ser que a la existencia del monasterio debamos que en este estrecho valle se conserve la que se considera la mejor fraga o bosque nativo de Galicia, formando así un binomio de patrimonio natural y cultural que se enriquecen mutuamente.

 

¿La última fraga?

Probablemente ningún otro tipo de bosque de la península ha visto reducida su superficie como la fraga galaica. Ni siquiera la del Eume está intacta, habiendo sufrido aquí y allá la dentellada del eucalipto, aunque parece estar ejecutándose un proyecto para reducir su presencia. Y aunque algo desdicen, no por ello dejan de ser las fragas del Eume un bosque maravilloso de robles carballos, laureles, avellanos, castaños, alisos y otras muchas otras plantas que cubren por completo las laderas del valle, desde las cumbres hasta la misma orilla del rio. Tal vez no sea la última pero sí es la mejor

                                                                                                                                                               Roble carballo

Laurel

                                                                                                                                                                    Arce

                                                                                                                                               

                                                                                                                                                                Avellano

Entre las joyas vegetales de la fraga destacan los helechos que, favorecidos por las suaves temperaturas y la alta humedad, proliferan por todas partes y llenan de verdor muchos tramos del la orilla del río. Estas condiciones microclimáticas han permitido que aquí sobrevivan dos de las especies, Culcita macrocarpa, y Woodwardia radicans , que desaparecieron prácticamente de la península cuando se hizo dominante el clima mediterráneo con sus cálidos y secos veranos.

 

 

Tan rica y diversa como la flora de las fragas es la fauna que encuentra en ella su habitat, desde la almeja de rio (Margaritifera margaritifera) y el caracol de Quimper (Elona quimperiana) al mítico lobo que nunca veremos sin olvidar, por supuesto, la trucha  que sigue siendo abundante en el Eume, al igual que  el reo

Caminando por la fraga

Pese a lo estrecho del valle y lo empinado de las laderas, es fácil visitar las fragas del Eume sin más que seguir el curso del rio por el carreterín que lo bordea por su margen izquierda o el sendero que lo hace por la derecha, y pasando de una a otra orilla, si así se desea, por las dos pasarelas que las unen.

                         

 

Del Centro de Visitantes, ubicado a la entrada de la fraga, parte el pequeño autobús gratuito que sube y baja al monasterio cada hora, único vehículo autorizado para circular por la carretera y que puede tomarse o dejarse en cualquier punto del trayecto.

English Summary

Fragas is the local name of the humid forests of the northwest of the Iberian Peninsula of which there are very few remains. The Fragas del Eume are the best example of this type of deciduous forest, which develop in microclimates of mild temperatures and high humidity