Monasterio del Piedra

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Monasterio del Piedra

Debe existir alguna crónica en que figure la fecha en que los musulmanes levantaron el castillo de Piedra Vieja a orillas del río Piedra. Y supongo que también se le menciona en el relato de la batalla de Cutanda que dió a Alfonso I de Aragón, en 1120, el control de las cuencas del Jalón y del Jiloca. Pero hoy todo lo que queda del antiguo castillo es un relieve en la Sala Capitular del monasterio que monjes cistercienses levantaron con sus piedras cuando les fue cedido por el rey de Aragón en 1194.

Hubieron de transcurrir casi 650 años para que el monasterio cambiase de nuevo de manos. En esta ocasión no fue una guerra, sino la desamortización decidida por el gobierno en 1835 la que expulsó a los monjes de este lugar. Cinco años más tarde fue adquirido por un particular, lapso de tiempo en que el edificio sufrió un deterioro, pues fueron años revueltos, aunque a decir verdad no tan radical como el que conviritió el antiguo castillo en monasterio sin dejar rastro de lo anterior.

Supongo que la elección de este enclave para el Castillo de Piedra Vieja estuvo determinada por razones estratégicas de defensa del territorio, pero me resisto a creer que en la decisión no tuviera también peso la belleza del paisaje. Porque es en este tramo donde el rio adquiere mayor espectacularidad al salvar en corto espacio un gran desnivel en una sucesión de cascadas en las que la caida del agua nos atrapa con la fascinación que ejerce sobre nosotros el agua en movimiento.

No creo que los habitantes del castillo resistieran la tentación de convertir las orillas del Piedra en un vergel, aunque no haya datos sobre ello. Quienes sí se sabe que lo hicieron fueron los monjes del monasterio al igual que lo hacen los actuales propietarios, que mediante el pago de una entrada (9-15 €) permiten la visita del parque y del monasterio.

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