San Baudelio de Berlanga

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San Baudelio de Berlanga

Los jóvenes Omar e Ismael, musulmán el uno, cristiano el otro y desconocidos entre sí, recibieron simultáneamente un mensaje del cielo mientras dormían bajo una palmera, en un oasis del desierto el primero y a orillas del Mediterráneo el otro. Dejándolo todo, debían iniciar un largo viaje cuya razón de ser solo conocerían al final de su camino. Fue así como al cabo del tiempo ambos terminaron por encontrarse a la entrada de una cueva ocupada por un viejo ermitaño quien, tras escuchar el relato de sus viajes, les hizo saber que habían sido guiados hasta ese lugar para construir un templo en honor del mártir San Baudelio en el que se fundieran sus creencias y culturas. Y lo hicieron de forma tan perfecta que hoy San Baudelio está considerada la mejor muestra de ese arte mestizo, mitad cristiano y mitad musulmán, que es el arte mozárabe o, en términos más exactos según los expertos, arte de repoblación.

La primera referencia escrita a la ermita es de 1136, cuando ya ni Omar ni Ismael estaban allí ni tampoco el ermitaño, sino monjes cristianos asentados en estas tierras fronterizas del Duero poco después de que Fernando I de León se hiciese con el control de la estratégica fortaleza de Gormaz.

El aspecto exterior de la ermita no puede ser más modesto, pues está constituida por dos cuerpos casi cúbicos de desigual tamaño, con una superficie total de menos de 100 metros cuadrados, y sin apenas más abertura que la puerta de acceso.

Pero basta trasponer la entrada para sentir primero el desconcierto de no saber si estamos en una iglesia o en una mezquita y a continuación sentirnos invadidos por la mágica atmósfera que reina en su interior. El cuerpo más pequeño del edificio está ocupado por el ábside, al que se accede salvando cinco escalones y cruzando un hermoso arco de herradura

En el fondo, una pequeña ventana orientada a levante proporciona una suave iluminación y en una de las paredes está representado San Baudelio.

En la nave principal, en el extremo opuesto al ábside, cinco naves separadas por columnas y arcos forman una mezquitilla, sobre la que se sitúa el coro y en el centro de la nave principal una gruesa columna da soporte a toda la cubierta al abrirse en su parte superior en ocho arcos que semejan las hojas de una palmera, que por un lado nos recuerdan la leyenda de Omar e Ismael y por otro traen a nuestra memoria el verso del Libro de los Salmos que dice que el justo florecerá como la palmera.

Hubo un tiempo en que la ermita de San Baudelio tuvo sus paredes cubiertas de maravillosas pinturas, porque los monjes no solo construyeron un hermoso edificio sino que cubrieron sus paredes con hermosísimas pinturas, que en su parte inferior representaban escenas rurales y en la superior escenas religiosas. Hoy solo quedan en San Baudelio algunas de las pinturas originales porque la ermita de San Baudelio fue objeto de un bárbaro expolio a principios de siglo XX, una vez que ya había sido declarada Monumento Nacional en 1917. El hecho es que tras la desamortización el edificio y las tierras circundantes pasaron por mano de varios propietarios y quienes en 1922 la tenían en su poder no dudaron en vender sus pinturas por poco más de 60.000 pesetas (unos 400 euros) a un comerciante de antigüedades por encargo de un coleccionista norteamericano. Las autoridades españolas recurrieron la venta, iniciándose un pleito que concluyó cuando en 1925 el Tribunal Supremo sentenció que podían ser vendidas y salir de España.

Hoy la mayoría de las pinturas se encuentran en museos de Nueva York, Boston, Cincinati e Indianápolis. Algunas han vuelto a España y pueden verse en el Museo del Prado donde se encuentran en depósito indefinido mediante intercambio por un ábside románico y hoy sólo podemos saber como de hermosa era San Baudelio gracias a la recreación artística de su estado original.


Contemplando las desnudas paredes, en que apenas quedan restos de su pasado esplendor, sentí indignación por la avaricia y la brutalidad de quienes no dudaron en dejar que semejante maravilla se destruyera. Pero también pensé en cuanto amor habían acumulado en San Baudelio quienes la edificaron, decoraron y cuidaron durante siglos y cuan fieles habían sido a la memoria de Ismael y de Omar. Y no pude dejar de soñar con que algún día las paredes de San Baudelio, ahora que de nuevo es propiedad del Estado gracias a la Fundación Lázaro Galdeano, se cubran de nuevo, si no con los originales al menos con réplicas fieles, para que quienes la visiten sientan elevarse su espíritu como lo hace el tronco de la palmera, tal como lo hicieron Omar e Ismael.

English Summary

An old legend says that two young men, one of them Christian and Muslim the other, living in distant places and unknown to each other, received a message from heaven while sleeping under a palm tree: They had to undertake a journey whose meaning would only understand at the end of their trip. Finally they met at the entrance of a cave inhabited by an old hermit who revealed them their mission: they had to built a chapel, blend of their two cultures and faiths that would be a memorial to a holy man, San Baudelio. So they did and so perfect was their work and so beautifull the paintings that covered the walls and the ceiling that it is considered to be the Summit of Mozarabic art. The history of the chapel suffered an abrupt change in the XIX century when the goberment sold it, art dealers bought most of the paintings in the 1920's and now can be seen in the museums of New York, Boston, Cincinati and Madrid. Photographs taken before the spoliation have enable a virtual recreation and maybe one day be installed in San Baudelio replicas that allow visitors elevate their spirit like the palm tree, as did Omar and Ismael.

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