Siega Verde

Al escuchar las palabras arte paleolítico inmediatamente vienen a nuestra mente las cuevas de la Cordillera Cantábrica y sus maravillosas pinturas. No son estas sin embargo las representaciones artísticas más antiguas que podemos ver en la península. Porque miles de años antes de que se pintase el primer bisonte en  Altamira ya otros hombres, a cientos de kilómetros de distancia, habían trazado su perfil sobre la piedra. Y no lo hicieron en el interior de cuevas sino al aire libre, sobre los esquistos entre los que discurre el río Águeda, no lejos de Ciudad Rodrigo. Y allí permanecieron ignoradas durante miles de años, hasta que en 1998 fueron descubiertas por un equipo de arqueólogos. Seguro que los desconocidos artistas tenían un nombre para este lugar, que nosotros obviamente ignoramos. Hoy se llama Siega Verde.

Los investigadores no han encontrado indicios de que aquí hubiese asentamientos permanentes, así que los pobladores paleolíticos del oeste de la meseta venían aquí a realizar actividades esporádicas. Y al menos una de ellas era grabar en piedra la silueta de los animales con los que convivían.

Algo de especial debía de tener para ellos este lugar como para dejar en él muestras de su arte durante un período tan prolongado de tiempo. Porque los grabados más antiguos son de hace unos 20.000 años y los más recientes de 12.000. En ese tiempo grabaron más de 500 figuras, agrupadas en cerca de un centenar de paneles, aunque sólo es visitable un número reducido.

Durante los 8.000 años en que el taller de grabado de Siega Verde estuvo activo el clima no permaneció estable, y al compás de sus variaciones también cambió la fauna. Los grabados más antiguos incluyen especies de climas fríos, como el rinoceronte lanudo y el reno. Las representaciones más frecuentes son sin embargo de especies de climas templado: caballos de patas cortas y crin erecta que recuerdan a los actuales caballos de Przewalsky, uros de largos cuernos, hoy extinguidos, y ciervos.

No tiene sentido preguntarse cual de las figuras de Siega Verde es la mejor, porque lo valioso es el conjunto. Pero a mí me llamó poderosamente la atención la de un lobo ¿o tal vez un perro? superpuesta a la de un uro. Contemplándola me pregunté si los cazadores paleolíticos que hicieron los grabados contaron con la inestimable ayuda de perros, o representaron a un lobo salvaje como uno más de los animales de su entorno.

Tenía idea de que el perro había sido domesticado mucho antes que los otros animales, pero la verdad es que no tenía ninguna certeza. Así que de vuelta en casa busqué información y al teclear en Google domesticación del perro la primera opción que se abrió fue Wikipedia. En ella pude leer que La evidencia fósil más antigua de un perro domesticado fue encontrada en 2008 en la cueva Goyet de Bélgica, correspondiente a unos 31.700 años. Y en otro párrafo dice que En el siglo XXI, los investigadores han alcanzado un consenso casi absoluto acerca de que es muy posible que la domesticación del perro empezara más por la adaptación espontánea de este al acercarse a vivir junto al hombre que por la voluntad humana. Así pues las dos opciones parecen estar abiertas. La actitud del animal, con la cabeza adelantada y la cola baja, bien puede corresponder a un perro atento a su amo. Pero también a un lobo que merodea el campamento buscando una oportunidad de hacerse querer o a la espera de un despojo dejado por los cazadores humanos.

Quizás nunca lleguemos a saber los motivos que indujeron a los hombres del paleolítico a realizar tan maravillosas obras de arte. Por qué, fuese en las riberas del Águeda o en las cuevas cantábricas, representaron bisontes, uros, renos, ciervos y caballos. Pero lo cierto es que con ellas nos dejaron un extraordinario legado cultural que es contínua fuente de inspiración. A la vista de las figuras de Siega Verde podemos intentar imaginar como eran los paisajes en que aquellos hombres vivían y que recursos utilizaban para sobrevivir. Sus únicas herramientas eran piedras hábilmente talladas. Con ellas cazaban, cortaban y cosían. Y también con ellas hacían obras de arte.

Unos años después del hallazgo de Siega Verde se descubrió un conjunto de grabados aún más amplio en el vecino valle portugués del río Coa. Son como dos salas de un gran museo de arte paleolítico al aire libre, y como una unidad figuran en la Lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.