Suelo y vuelo

En el medio rural español está muy extendida la diferenciación de la propiedad del suelo y la de los árboles que crecen sobre él, es decir el vuelo. El origen de esta institución parece ser medieval y se fundamenta en que los usos y producciones del suelo y del vuelo están claramente diferenciados, autonomía económica que permite que sean también objeto de derechos autónomos y por tanto de distintos titulares.

Aunque existe legislación sobre esta materia lo cierto es que se rige fundamentalmente por el derecho consuetudinario, por lo que existen una serie de variantes basadas en los usos y costumbres locales para delimitar los derechos de unos y otros y hacer que todos ellos puedan disfrutar de su propiedad.

El caso extremo que conozco es el de algunas dehesas en que no todo el vuelo, sino sólo algunos árboles en particular, tienen distintos propietarios que el suelo. Y para que no hubiese errores y quedase bien claro a quien pertenecía cada árbol grabaron sus iniciales sobre el tronco. Puede que haga décadas que ya nadie aprovecha las bellotas o la leña de esas encinas, pero aún perduran bien visibles las marcas que repasaron una y otra vez para que no se borraran. Al descubrirlas al caminar entre los árboles nos trasladan a un pasado, tal vez no tan lejano, y nos incitan a pensar en quienes eran y como vivían quienes así dejaron constancia de su propiedad.

No cabe duda de que para todos ellos su árbol era muy importante. Tal vez su única propiedad, de la que dependía el fuego de su hogar, el calor de su chimenea en invierno, el cebo de sus animales o el carbón que vendían. Por eso los cuidaban y procuraban mantenerlos en pie tanto tiempo como podían.

Me gustaría pensar que quien tanto esmero puso en prolongar la vida del gigante ya no estaba presente cuando las grandes ramas empezaron a desgajarse ni cuando acabó dando con su cuerpo en tierra, componiendo una imagen que me hizo evocar los fantasiosos dibujos sobre cementerios de elefantes que encendieron mi imaginación en los lejanos días de mi infancia.

English Summary

It is not uncommon in some regions of Spain that the land and the trees that grow on it belong to different owners. The reason for this tradition that originated in the Middle Age is that the products of the land and of the trees are different, and hence their ownership can be different also. The most extreme case I know is in an area where each tree belongs to a different person, who carved in the trunk identifier letters or symbols. Maybe that nobody has collected the acorns or cut the wood of the trees for decades, but the marks are still clear and we can wonder who they were and why an individual tree was so important. May be it was their only property and they depended on it to feed their pig, to heat their home and cook their food. So important was the tree that they tried to keep it standing as long as they could. But sooner or later they died and fell down and they remind me of the imaginary elephant graveyards that fired my imagination in my childhood.